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Jueves, 25 Julio 2019 08:50

UNA CERVEZA, POR FAVOR Destacado

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                                                              UNA CERVEZA , POR FAVOR

 

 

          Les voy a contar una historia que les resultará totalmente increíble, aunque en el fondo parezca real.

 

         Me encontraba sentado en la barra de un bar tomándome una caña de cerveza - la llaman así por la forma de la columna y del grifo de donde sale - y cuando estaba pensando en pedir otra; un hombre alto, delgadísimo, se acercó a mi y me preguntó :

         - ¿ Es usted el doctor Robert ? Sí, le contesté.

         - Está usted invitado a tomarse otra cerveza; cortesía de la casa.

        Iba a darle las gracias, pero me fue imposible.... Mi cuerpo quedó completamente bloqueado, no podía hablar, ni siquiera moverme; solo mis párpados pestañeaban de hito en hito, viendo como los muebles se arrugaban como papel vegetal. No eran figuraciones mías. La estantería donde estaban todas las bebidas, cayó con un estrépito de vidrios rotos. !!Uff  que  trabajo  tendrá  la  limpiadora,  pensé!!

         Todo era muy extraño. Debí quedarme dormido pero la fuerza gravitatoria de la habitación me despertó. Tal y como demostró Alber Einstein, el efecto de la rotación del espacio y tiempo no son entidades independientes y como tales pueden darse en el mundo real. !Justo lo que a mí me estaba pasando!. Miré por la ventana y mientras el sol se escurría por el horizonte, la habitación quedó completamente a oscuras, comprendí que había tenido un “viaje”, pero todavía no sabía a dónde. Escuché murmullos, presté más atención... entonces descubrí una luz que venía del piso inferior.

 

         Allí estaba yo … tumbado en una camilla de quirófano con un agujero en medio del estómago. Junto a mí, dos cirujanos manipulaban mis entrañas como si fuera una ensalada de verduras. Me quedé estupefacto cuando uno le dijo al otro:

         - ¿ Hacemos un receso y nos tomamos unas birras?

        - Eso está hecho. “Así podremos resumir la espuma de los días y, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor, la gloria de las flores, no hay por qué afligirse. Déjate llevar, porque allí nada es real, déjate llevar porque allí están los Campos de Fresas . El tiempo pasará pero la belleza siempre perdurará en el recuerdo”.*

       - He caminado por la geografía de mi mente y la cerveza siempre trasciende mi memoria; será que tengo alegre la tristeza y subido el ánima. Ella me hace recordar aquellos maravillosos años mientras sonaba la música de los Beatles, y soñaba con vivir en Londres; o cuando escuchaba a mis padres discutir porque, según ellos, mi novia no era un buen partido. ¡Qué sabían ellos del amor!

            Para mí, era la chica más dulce y más linda del instituto. Sus cabellos eran negros como el mirlo, sus mejillas tenían el color de la grana, y sus labios el rubor de las rosas fragantes. Cuando caía la tarde nos acomodábamos bajo la gran higuera que hay junto al río y allí acariciaba su cuerpo claro como luna de agosto. Nos besábamos con incandescente frenesí. Le prometí respetar su flor de carne abierta hasta que fuera mayor de edad y, cumplí como quién soy, un hombre cabal. Nuestro amor no necesitaba sexo, se alimentaba por si mismo.

          - En verdad, tu historia me ha emocionado. Yo soy todo lo contrario, cuando estoy con una mujer necesito meterme en su piel, necesito llegar a su más profunda intimidad, soy tremendamente concupiscente. No tengo remedio, las mujeres son mi debilidad y.... la cerveza también. Es una bebida saludable, puedes tomarla en cualquier momento, refresca y calma la sed y, además nos hace recordar buenos tiempos. Su olor a lúpulo y a malta también despiertan en mi recuerdos adormecidos. Recuerdos de cuando estudiaba medicina en la facultad de Granada, y comía a base de tapas y cervezas, recuerdos de unos baretos con mucho abolengo, algunos lamentablemente desaparecidos. Otras veces nos sentábamos en las terrazas de Plaza Nueva; y cuando hacía buen tiempo y disponíamos de coche, nos íbamos a comer a la mismísima vega granadina; allí parábamos en una casería que tenía huerto propio, y nos ponían unas “Patatas a lo pobre” que estaban para chuparse los dedos. ¿ Y el pan ?, ¡ Ay qué pan tan rico !

         - En aquella época yo salía con una chica que se llamaba Gloria; íbamos al mismo curso. Algunas noches me dejaba estudiar en su casa, pero estudiar.... estudiábamos poco. ¡ Ay amigo tenía unas tetas increíbles!, !Se volvía loca cuando se las magreaba !. Pero... será mejor que me calle porque como siga recordando, la tierra va a temblar.

          Entre el jolgorio de sus risas y el sopor de la anestesia ya no pude más y les dije:

        - Perdonen, sé que tienen muchas cosas que contarse; pero... la camilla del quirófano me tiene la espalda “baldá” y, además tengo una sed tremenda. ¿podrían darme una cerveza?; sin alcohol naturalmente. Les estaré eternamente agradecido.

       - ¿ Saben ustedes que yo también soy médico ? . Mi padre lo era, y el padre de mi padre también.... mi destino estaba marcado antes de nacer. Llevé mis estudios con dignidad y algunos sobresalientes. Lo único que no me gustaba de mi profesión era hacer pruebas y analíticas; así que, según lo que me contaban los pacientes diagnosticaba. Acabé desarrollando un ojo clínico que funcionaba mejor que un reloj suizo. ¡ No se asusten !, lo veo en sus caras; por aquel entonces yo tenía una consulta muy pequeña, y siempre iban los mismos. De vez en cuando nacían niños pero sus madres se los llevaban a la capital, todavía sigo sin comprender por qué.

 

      ¡Pi, pi, pi ! Los monitores del quirófano nos dieron un susto de muerte; los afligidos cirujanos dejaron sus cervezas y aperitivos para atenderme. Eran muy eficaces, mientras uno me cosía la barriga, el otro me inyectaba anestesia en las zonas aledañas, lo que indudablemente era una garantía de sufrimiento físico, pero ellos se curaban en salud, yo los comprendo, así evitaban males mayores.

 

      Contra todo pronóstico , el Reloj Biológico volvió a ponerse en marcha. .Al principio le costó arrancar, pero rápidamente las cosas volvieron a recolocarse como estaban antes. Ahora mismo si alguno de ustedes me pregunta dónde me encuentro, si en el bar tomándome una cerveza con el señor delgadísimo, o en la camilla del quirófano tomándome un tercio, no sabría decirles. Antes tendría que hablarles de mi casa amarilla, de su porche blanco, y de mi oronda mujer podando el rosal. Les voy a hablar claro, yo lo tenía todo, había nacido con suerte, incluso cuando la suerte parecía adversa siempre trabajaba a mi favor; y eso os aseguro, siempre es garantía de éxito.

 

       Imagino que a estas alturas , se están preguntando quién soy . Les pido disculpas. Es que a mí lo que me hubiera gustado ser es, ¡ poeta ! . Hacer poesía debe ser como.... pintar con las letras. Ahora ya lo saben; solo fui un médico rural. Ejercí como tal durante cinco años, hasta que un buen día le dije a mi padre: “ Papá, quiero dejar la consulta, se acabó ver enfermos. Lo he pensado muy bien y me voy a asociar con los hermanos Mahou; vamos a abrir una cervecería en el barrio de Lavapiés que va a ser la bomba, se hablará de nosotros cuando hayamos muerto. Para que te enteres: Madrid es la ciudad donde mejor se tira la caña de cerveza de toda España, es casi un ritual; y su secreto es bien sencillo, consiste en tirarla en dos tiempos: en el primero se vierte el líquido, en el segundo la espuma, así el gas carbónico no se escapa. Papá, ¡ya es hora que confíes en mí! . Con mi suerte y mis nuevos socios... ¡me voy hacer rico ! ”.

 

        No se lo van a creer; pero hasta 1950 la gente solo bebía vinos y vermut. En los primeros años del siglo XX, el mercado en la capital de España estaba dominado por cuatro empresas: la Deliciosa, Mahou, Santa Bárbara y Cerveza El Águila; y aunque los paladares se iban adaptando, pedir una caña resultaba una excentricidad. Los hermanos Mahou, unos tíos muy listos, importaron de Estados Unidos la columna Cornelius, con un grifo que regulaba la presión de la cerveza y servía cañas casi personalizadas, con poco, mucha o ninguna espuma. Aquí es donde entro yo. Un día, lo recuerdo muy bien, les dije : ¿ por qué no patentamos un grifo con dos movimientos y así tiramos la caña en dos fases?. Mi propuesta les fascinó ; en menos de quince días me hicieron subdirector jefe y a partir de ese momento la demanda de cerveza subió... como la espuma.

 

       Así que ya lo saben: UNA CERVEZA POR FAVOR, ESTA VEZ INVITA LA CASA .

 

      • Mi homenaje al poema “Oda a la Inmortalidad “ de W. Wordsworth y a J. Lennon y su canción “Strawberry Field Forever”

 

 

 

 

 

 

 

.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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